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Escrito por Rachel D. Baker, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Arkansas
Es hora de que muchos de nosotros enfrentemos la difícil realidad: es totalmente posible pasar mucho tiempo haciendo cosas para Dios y aun así sentirse espiritualmente vacío.
Eventos de la iglesia, cocinar comidas, estudios bíblicos, ayudar a los demás, estar presente cuando alguien necesita orar... Ninguna de estas cosas es mala. De hecho, ¡son hermosas expresiones de fe! Pero en algún momento, muchos de nosotros nos dejamos llevar silenciosamente hacia un ritmo peligroso. Nos centramos tanto en servir a los demás para Dios que poco a poco dejamos de pasar tiempo con Él.
Aquí es exactamente donde las palabras de Jesús nos llevan suavemente de vuelta a lo que más importa:
"Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada" Juan 15:4-5 (NVI).
La imagen que Jesús utiliza aquí es sencilla, pero poderosa. Una rama no tiene fuente de vida propia y no puede producir fruto por determinación o esfuerzo. Solo da fruto porque está conectada a la vid que le suministra todo lo que necesita. Si se corta una rama, puede seguir viéndose bien durante un tiempo. Las hojas pueden seguir pareciendo verdes. Pero al final, la vida se desvanece de la rama porque la conexión desaparece.
Lo mismo ocurre con nosotros. Podemos mantenernos ocupados con cosas buenas un tiempo. Podemos seguir presentándonos, sirviendo y cumpliendo todos los requisitos correctos. Pero si no seguimos conectados con Jesús — la Vid verdadera — nuestras vidas espirituales empiezan a secarse poco a poco. Por eso necesitamos un recordatorio que tiende a pisarnos los pies:
No pases tanto tiempo trabajando para Dios que olvides pasar tiempo con Él.
Ministrar a otros puede fácilmente desplazar la intimidad con Aquel a quien servimos. Nuestros calendarios se llenan y las responsabilidades se multiplican. Antes de darnos cuenta, el tiempo de tranquilidad con nuestro Padre se convierte en lo que hacemos "si hay tiempo".
Pero el fruto del Espíritu —amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, autocontrol— no surge de una agenda apretada ni de una fuerza de voluntad obstinada. El fruto crece a partir de la conexión.
Jesús nunca nos dijo que creáramos fruto. Nos dijo que permaneciéramos en Él y que diéramos o entregáramos el fruto.
Permanecer en Cristo no es complicado, pero sí requiere intención. Significa alejarse del ruido y las distracciones el tiempo suficiente para sentarse en la presencia de Dios. Significa abrir Su Palabra y dejar que hable en nuestro corazón en lugar de apresurarnos a leer unos pocos versículos camino a la siguiente tarea. Significa orar con honestidad y hacer una pausa lo suficiente como para escuchar. No se trata tanto de marcar como cumplida una tarea espiritual, sino de cultivar una relación.
Entonces, ¿cómo es esto?
Quizá a veces parezca sentarse tranquilamente con la Biblia y una taza de café antes de que la casa despierte. A veces es susurrar oraciones mientras doblamos la ropa o conducimos al trabajo. A veces simplemente se reduce el ritmo lo suficiente como para notar la presencia de Dios en medio de un día ordinario. Estos pequeños momentos de conexión son donde empieza a crecer el fruto espiritual.
Cuando permanecemos cerca de Jesús, Su vida fluye a través de nosotros. Con el tiempo, empezamos a notar cambios — no porque los hayamos forzado, sino porque Dios obra dentro de nosotros. La paciencia aparece donde antes estaba la frustración. La paz se instala en lugares que antes parecían caóticos. El amor se vuelve más fácil de extender, incluso cuando es difícil.
Esta es la belleza de permanecer cerca de Cristo: la presión de producir fruto no recae sobre nosotros. (¡Aleluya!) Nuestro papel es simplemente mantenernos conectados con la Vid.
Así que, si la vida se ha sentido ajetreada, abrumadora o espiritualmente seca últimamente, la invitación hoy no es a esforzarte más. Simplemente es a frenar y volver a la Vid. Porque cuando habitamos con Él, el fruto vendrá.
¿Pasas más tiempo trabajando para Dios o permaneciendo en Él?
¿Qué podrías cambiar en tus ritmos diarios para que puedas mantenerte más conectada con la Vid?
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Escrito por Abigail Becerra, voluntaria en el Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Perú
Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. (Hch 4:33)
Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de Su muerte, así también lo seremos en la de Su resurrección. (Ro 6:4-5)
Cuando pienso en la resurrección, muchas veces mi mente se va a una celebración especial, a un domingo concreto del año. Pero la resurrección no es solo una fecha… es una fuente, es la raíz que sostiene todo fruto verdadero en nuestra vida. Si estoy conectada a la Vid, entonces el fruto que debería empezar a verse en mi vida tiene una explicación muy clara: Cristo resucitado vive en mí y porque Él vive, yo ya no tengo que seguir viviendo igual que antes. No tengo que quedarme en las mismas luchas, en los mismos hábitos o en la misma forma de pensar. La resurrección de Jesús significa que hay vida nueva disponible para nosotras hoy, no solo una esperanza futura.
En Hechos 4:33 vemos algo muy hermoso. Los apóstoles daban testimonio “con gran poder” de la resurrección del Señor Jesús. Y si lo piensas, no era simplemente un mensaje que solo repetían de memoria, sino una verdad que había cambiado completamente sus vidas. Ellos no estaban hablando de una idea ni de una teoría bonita. Estaban hablando de alguien que realmente vive. Ellos habían visto al Señor resucitado, y por eso su mensaje tenía poder; no era solo información… era una vida transformada dando testimonio de un Salvador que está vivo. Y el resultado era claro: abundante gracia era sobre todos ellos.
Esto me confronta mucho porque cuando realmente entiendo que Jesús venció la muerte, se supone que algo en mi vida debería verse diferente. La resurrección no es solo una verdad que creo; es una realidad que empieza a reflejarse en cómo estoy viviendo. Debería verse gracia en mi forma de hablar, gracia en la manera en que trato a otros y gracia incluso cuando las circunstancias no son fáciles. Porque si Cristo vive en mí, entonces, otra vez, su vida también empieza a notarse en lo cotidiano. Entonces el fruto de la resurrección no es solo emoción espiritual, sino es evidencia visible.
Romanos 6 también debería tocarnos; este pasaje dice que fuimos sepultadas con Él y que ahora podemos andar en vida nueva. No se trata solo de que Jesús salió del sepulcro; también significa que yo ya no tengo que seguir viviendo en el mío. Entonces…en Cristo hay una vida nueva y esa vida empieza hoy. Eso lo cambia todo, significa que mi pasado no me define; significa que el pecado no tiene la última palabra, que la culpa no tiene autoridad permanente sobre mi corazón. Porque Él resucitó, yo puedo empezar a caminar de manera diferente. Andar en una vida nueva implica una decisión diaria; no es algo automático ni sencillo. Es recordar cada día quién soy en Cristo, es elegir responder con paciencia cuando antes reaccionaba con enojo, confiar cuando antes dudaba, y servir cuando antes pensaba solo en mí. Ese es el fruto de la resurrección: una transformación real.
Algo que me gusta mucho de Hechos 4 es que ese fruto no era solo individual; la gracia era sobre todos. Entonces, cuando una mujer vive conectada a la Vid, su vida inevitablemente impacta a los demás; su fe se fortalece, su esperanza contagia y su testimonio anima. La resurrección también produce valentía; los apóstoles predicaban aun con amenazas alrededor. ¿Por qué? Porque cuando sabes que la muerte ya fue vencida, el miedo pierde fuerza.
A veces yo, Abbi, quiero fruto sin proceso, quiero cambios rápidos, quiero ver resultados inmediatos, pero Romanos 6 también nos habla de estar plantadas juntamente con Él. Plantar implica profundidad, raíces y también tiempo. Este fruto no aparece de la noche a la mañana, pero sí llega cuando permanecemos en Él.
En conclusión:
- Estar conectada a la Vid no significa que no haya luchas; significa que hay vida fluyendo constantemente desde Cristo hacia mí.
- La resurrección no es solo una doctrina que creo, es una realidad que debo vivir.
- Y si Cristo verdaderamente vive en mí, algo tiene que notarse.
¿En qué área de tu vida necesitas recordar hoy que Cristo resucitó para comenzar a caminar en esa vida nueva que Él ya te dio?
