Nos encanta construir relaciones. Suscríbete a nuestro blog para recibir palabras de ánimo semanales y actualizaciones mensuales del ministerio a través de nuestras eNoticias en tu correo electrónico.
Etiquetas
Búsqueda
Compras en línea
Nuestros libros, recursos gratis, tarjetas, botellas de agua, y más
Blog
Más entradas del blog abajo
- Detalles
Escrito por Naijuvelin Díaz Leal, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Venezuela
La palabra “seguir” nos indica ir detrás de, imitar, acompañar, dar continuidad a algo. En lo que se refiere a arrepentirse, lo entenderíamos como dejar de hacer lo malo y cambiar de actitud, contristarse, sentir dolor por haber ofendido a Dios.
En Lucas 22, El Señor Jesús anuncia la negación de Pedro:
Dijo también el Señor: Simón,Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearnos como trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no solo a la cárcel, sino también a la muerte. Y Él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes de que tú niegues tres veces que me conoces (Lc 22:31-34 RVR60).
Cuando decidimos seguir a alguién o algo, eso implica compromiso por nuestra parte, cambio, unión, fidelidad, firmeza, transformación, que es un proceso continuo que nos lleva a adoptar ciertas caracterísiticas por las que imitamos un modelo.
Pedro experimentó la trágica situación de su negación (descrita en Lucas 22:61-62) que él pensaba que nunca haría, aunque demostró lo contrario con sus actos, por lo que muchos lo califican de traidor o hipócrita. Y asimismo, volviendo sus ojos a Jesús, recordó tal vez Sus reiteradas preguntas: “Pedro, ¿me amas?” (Jn 21:15-19) y aun conociendo el Señor su corazón, le entregó la gran responsabilidad de cuidar la iglesia primitiva, a un hombre con errores, imperfecto.
A través del libro de Juan, observamos las características dominantes de Pedro, apasionado por Jesús y, en ocasiones, dominado por sus emociones en las que reinaba más su ego impulsivo. Pero ante la presencia de Jesús se doblegaba, notamos a un Pedro frágil, contristado, que nos lleva a conocer cambios de actitudes y comportamientos que implican reconocer el error, sentir remordimiento, y tomar medidas para no volver a repetirlo.
Seguir a Pedro en arrepentimiento debe ser imitarlo en cuanto a la decisión de reconocer el pecado, apartarse de él, y seguir fielmente al Señor. Es un compromiso de cambio, dando frutos dignos de arrepentimiento, de ir renovando la manera de pensar y actuar desde una perspectiva espiritual según la voluntad de Dios.
Hechos 2:14 nos enseña la invitación que hace Pedro en Jerusalén, en respuesta a ese arrepentimiento que produjo en él restauración y obediencia, dando cumplimiento al mandato previo de Jesús, “confirma a tus hermanos” (Lc 22:32, RV60). Es, entoces, cómo Pedro revalida esta petición, fortalece su compromiso de seguir a Jesús y, a su vez, nos deja la gran enseñanza de que en medio de ese proceso se glorifica la misericordia de Dios, que nos transforma a través del Espiritu Santo. Esto es vivir en la fe a Jesús, impulsado no por las emociones, sino por el Espiritu Santo.
Al igual que Pedro, tú y yo pasamos por procesos, tal vez en el día a día, frente a un mundo tan convulsionado, que nos debilita, caemos en pecado o erramos. Recordemos el testimonio fiel de Pedro, quien lloró amargamente y prosiguió a buscar, a través de su arrepentiemiento, el perdón de nuestro Padre. ¿Estás dispuesta a seguir a Pedro en arrepentimiento? ¿Quieres ser transformada al igual que Pedro lo fue?
Seguir a Pedro en arrepentimiento es reflexionar cada paso, lamentar o sentir dolor profundo por haber ofendido a Dios. Por la gracia de Cristo, ¿estás dispuesta a revalidar el compromiso de cambio y transformación, para seguir en santidad?
- Detalles
Escrito por Claudia Malaquias, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Minas Gerais, Brasil
Hay una fábula sobre dos burros que caminaban para hacer entregas, uno con una carga de azúcar y el otro con una carga de esponjas. Después de caminar un rato, se encontraron con un río que fluía rápidamente.
El burro con la carga de esponjas dijo: “¿Cómo vamos a cruzar? ¿Y si nos lleva la corriente?”
A lo que el otro respondió: “¡No va a pasarnos nada! Sígueme y verás que estamos a salvo.”
Al entrar en el río, su carga de azúcar se disolvió y, al aligerarse, facilitó la travesía. "¿Ves lo que te dije? ¡Ahora sigue mi ejemplo y ven!”
Pero, como era de esperar, cuando el otro burro entró en el río, la carga de esponjas se hinchó con el agua, se hizo mucho más pesada y la corriente se llevó al pobre animal.
Es parte de la naturaleza humana buscar pertenecer a un grupo y para ello a menudo sucumbimos a las influencias sociales, que los expertos llaman conformismo: la aceptación pasiva de normas, reglas, costumbres e ideas que moldean el comportamiento sin ninguna reflexión de nuestra parte. Sin embargo, seguir a otros sin la debida diligencia puede tener graves consecuencias.
Cuando me convertí por primera vez, todavía sin experiencia en la Palabra, traté de unirme a uno de los pequeños grupos de mujeres de mi congregación simplemente observando cómo se presentaban. Siguiendo los instintos humanos, elegí un grupo animado y conversador que estaba bien informado sobre todo lo que estaba sucediendo en la iglesia.
Sin embargo, con el tiempo y la madurez, me di cuenta de que los frutos espirituales que necesitaba para crecer realmente no se estaban practicando allí. La frase del apóstol Pablo: “Imítenme, así como yo imito a Cristo” (1Co 11:1 NVI) es una invitación a imitarle a él, que reflejó claramente a nuestro Señor Jesucristo, la perfección del amor y del sacrificio, al mismo tiempo que nos advierte que debemos estar en compañía de aquellos cuyas decisiones están guiadas por lavoluntad de Dios.
En cada paso de nuestro camino en el Reino, nosotros mismos debemos conducirnos e imitar a aquellos que ya han madurado en la fe, personas que muestran en sus vidas los frutos del Espíritu que tal vez todavía necesitemos pulir en nuestras vidas. Así, poco a poco, también nosotros seremos un ejemplo para los demás hermanos y hermanas.
Pablo se sentía seguro al invitar a otros a convertirse en discípulos de Cristo siguiendo su ejemplo. ¿Tenemos nosotros la misma valentía?
Conocer las Escrituras, desarrollar intimidad con Dios a través de la oración, meditar en la vida de Cristo y obedecer Sus mandamientos son importantes para profundizar nuestra fe y comunión con el Espíritu Santo. Con estas prácticas como la carga que llevamos, seremos un ejemplo para los demás, y será más fácil discernir buenos ejemplos para que nosotras también los sigamos.
En la fábula de los burros, el error fue imitar sin tener en cuenta la carga de cada uno. A veces ese también puede ser nuestro error. Busquemos cada día nuestro crecimiento espiritual imitando a aquellos que verdaderamente practican el ejemplo de Cristo.
