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Muere para vivir (Jn. 12:24).
Pierde la vida para salvarla (Lc. 9:24).
Bienaventurados son los pobres en espíritu, los humildes, los compasivos, y los perseguidos (Mt. 5:3-12).
Ama a tus enemigos (Mt. 5:44).
La esclavitud es el mejor camino a la libertad (Rom. 6:16-23).
La locura de la cruz es poder para los que se salvan (1 Cor. 1:18).
Lo que ves no importa (2 Cor. 4:18).
Los niños son los más sabios (Mt. 11:25).
¿Qué otros ejemplos hay de cómo Dios cumple una función con algo que parece el opuesto?
¿Cuál es tu ejemplo favorito y por qué?
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Un anciano en la iglesia en Baton Rouge me dijo una vez, "Función principal, función secundaria. Tienes que estar pendiente de la diferencia." Sus palabras sabias como anciano y como ingeniero se quedaron conmigo y me han orientado cuando me siento abrumada con todas las responsabilidades con el Ministerio Hermana Rosa de Hierro o en mi vida personal.
Encuentro la paz cuando me acuerdo de la función principal a la cual Dios me ha llamado y cuando no me dejo llevar por las funciones secundarias.
¡No lo podemos hacer todo! Aunque quisiéramos y lo intentamos—lo he tratado de hacer.
Nuestras funciones principales y secundarias también pasan por etapas. En el ministerio, por ejemplo, paso por temporadas de más concentración en el escribir, exponer, estudiar, buscar fondos, viajar, comunicar con otros, hacer las tareas administrativas… me entiendes.
Y en la vida, pasamos por temporadas en que nuestra función principal es la de esposa, madre, hermana, tía, abuela, amiga… pero no podemos dejar al lado nuestras otras funciones.
Entonces, ¿cómo lo manejamos? ¿Cómo hallamos la paz sin abrumarnos?
Recordamos que nuestra función principal y nuestra identidad principal es la de ser hija del Rey—y como tal, nuestra relación con Él nos guía para ser y hacer lo que nos diseñó en dado momento. Vivimos en cada momento y cumplimos nuestra función principal para ese tiempo, confiando que nos va a dar la sabiduría y la fuerza para cumplir con las otras cosas en su tiempo (Ecl. 3:1-8).
