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Escrito por Michelle J. Goff, fundadora y directora del Ministerio Hermana Rosa de Hierro. Publicado originalmente el 18 de marzo de 2015.
El viernes por la mañana, visité el Centro de Retiros Ponderosa en donde vamos a realizar un retiro en octubre. Me emociona ver todo lo que Dios hará en preparación por el evento.
Al reflexionar sobre la información que me dieron en mi visita, recibí un correo electrónico de la casa editorial con la cual hemos estado negociando un contrato para el libro ¿Quién tiene la última palabra? Hace quince días, estaban listos para ofrecer un contrato, pero el mensaje que me llegó el viernes fue que había unas reacciones diversas sobre el libro, así que estuvieron inseguros para tomar el paso de extender un contrato.
Me quitó el aliento y aunque confié en Dios para guiarnos en la mejor dirección, con ese correo, habíamos tomado un gran paso atrás después de tanto progreso.
No hubo tiempo para hacer nada más que levantar una oración a Dios y pedir las oraciones de otros antes de seguir con el retiro el fin de semana. Mis pensamientos me atormentaron y no quise perder el enfoque en lo que Dios me había llamado a compartir con las hermanas durante el retiro.
Entonces, ¿qué pude hacer? Leí el Salmo 20 al menos cinco veces en inglés y español, dejando que la verdad de la Palabra de Dios me apoderara. Tomé las lecciones que iba a enseñar el fin de semana del Salmo y el enfoque del libro ¿Quién tiene la última palabra? y di la última palabra a Dios. Cuando me sentí desanimada y las mentiras de Satanás me atacaron, dependí de la Palabra para alentarme.
Te invito a ir a la Palabra para contestar a las mentiras de Satanás y recordar que Dios está en control de todo. Nos va por delante y por detrás. Es mayor que cualquier circunstancia. Y eso fue lo que me trajo gozo en medio de la batalla y victoria cuando fui enfrentada con el desánimo.
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Durante este mes, nos hemos estado edificando con diferentes lecturas respecto al redefinir el gozo, o sobre cómo Dios ha redefinido el gozo en las vidas de nuestras Hermanas Rosa de Hierro. Sabemos que no siempre todo es bello y bueno en nuestras vidas, y hay circunstancias en tu vida que puedan estar bloqueando o tratando de robar ese gozo en tu corazón. Pero, también sabemos y estamos seguras que la Palabra de Dios tiene poder para transformar todo lo que dejamos en Sus manos, para que juntas podamos decir: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría” (Salmo 30:11, RVR1960).
Te compartimos algunos versos que nos recuerdan lo que es el gozo, o lo que produce en nuestras vidas, y te animamos a que nos respondas o compartas cuáles otros versos han fortalecido tu vida con el gozo del Señor.
Juan 16:22
También vosotros ahora tenéis tristeza;
pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón,
y nadie os quitará vuestro gozo.
Salmo 94:19
Cuando en mí la angustia iba en aumento,
tu consuelo llenaba mi alma de alegría.
Habacuc 3:17-18
Aunque la higuera no florezca,
ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo,
y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas,
ni ganado alguno en los establos;
aun así, yo me regocijaré en el Señor,
¡me alegraré en Dios, mi libertador!
Salmos 28:7
Jehová es mi fortaleza y mi escudo;
En él confió mi corazón, y fui ayudado,
Por lo que se GOZÓ mi corazón,
Y con mi cántico le alabaré
Isaías 61:10
Me deleito mucho en el Señor;
me regocijo en mi Dios.
Porque él me vistió con ropas de salvación
y me cubrió con el manto de la justicia.
Soy semejante a un novio que luce su diadema,
o una novia adornada con sus joyas.
Filipenses 4:4
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!
Salmos 16:11
Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de GOZO;
Delicias a tu diestra para siempre.
Juan 16:24
Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre;
pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.