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Escrito por Michelle J. Goff, fundadora y directora del Ministerio Hermana Rosa de Hierro. Originalmente publicado el 03 de abril de 2015.
El domingo pasado, una de las familias jóvenes de la congregación hispana necesitó mi ayuda. Tienen tres hijos – el mayor no ha cumplido los cuatro años todavía. El del medio que tiene dos años no quiso quedarse en la guardería de la iglesia, así que la mamá pasó un tiempo animándole a quedarse. Mientras tanto, el papá llevó al bebé de cuatro meses al culto de adoración que ya había empezado.
Justo antes de la santa cena, oí un susurro, “Michelle, ¿puedes cuidar al bebé. Tengo que servir en la santa cena.”
“¡Por supuesto!” No dudé en pasar a la última fila y cuidar al bebé gordito que estaba en su asiento en el piso. ¿Pero lo dejé en su asiento? Claro que no.
Durante el resto del servicio, aún después de que sus padres habían vuelto, el bebé y yo nos movimos, cantamos, nos reímos, y escuchamos el sermón. Pues, yo escuché al sermón. Él empezó a luchar contra la siesta, así que le hice un columpio con mis brazos hasta que se quedó dormido.
No hay mayor gozo que cargar a un bebé dormido. Todo otro estrés del día se derrite cuando tomamos el tiempo para absorber el gozo del momento, permitiendo que otros pensamientos y otras preocupaciones empiecen a desaparecer.
¿Qué es algo en lo cual encuentras gozo?
El olor de la grama recién cortada
Una flor floreciendo en la primavera
El chocolate
Un buen respiro
Una cena con viejos amigos
Un café con una amiga nueva
Un atardecer
Tomarse de la mano
El olor de tu postre favorito
Tu canción favorita por la radio
Te animo a tomar un tiempo hoy para buscar el gozo en las cosas más sencillas.
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Escrito por Abigail G. Baumgartner, estudiante interna para el Ministerio Hermana Rosa de Hierro durante la primavera del 2021
A menudo, la escuela secundaria no se recuerda con cariño. Vemos fotografías antiguas, luego nos reímos y nos estremecemos al recordar la incomodidad de cada etapa. Ciertamente tengo recuerdos como ese, pero los atesoro como recuerdos de cómo he crecido. Uno de esos recuerdos proviene de mi octavo grado. Ya le había entregado mi vida a Cristo en ese momento, pero estaba enfrentando algunas cosas difíciles y me sentía sola. ¡Hasta que un día me desperté con un gozo indescriptible! Este gozo vino de un sentimiento de que Dios estaba caminando por la vida conmigo. Dios se sintió más cerca que nunca, y este gozo fue la emoción más profunda que jamás había experimentado. A los 14 años, estaba segura de haber alcanzado el pináculo de la madurez cristiana; sentiría este gozo por el resto de mi vida.
Pero, con el tiempo, el sentimiento de la presencia diaria de Dios se desvaneció y mi gozo también se desvaneció. Seguía buscando a Dios, pero de repente no sentí la misma oleada de gozo. Pensé que había enojado a Dios de alguna manera y que se apartó de mí porque ya no me amaba. Me sentí frustrada, temerosa y desanimada.
¿Qué había hecho para que Dios me dejara?
Luché contra esa pregunta durante años. Afortunadamente, los adultos en mi vida me animaron a seguir buscando a Dios leyendo Su Palabra, orando y buscándolo con todo mi corazón. Eventualmente, Dios me mostró que nunca me dejó sola; Él solamente me estaba llamando a un gozo mayor, y tuve que dejar mis viejos caminos para hacer espacio para los nuevos.
El gozo que descubrí en octavo grado se basaba en sentir la presencia de Dios emocionalmente. Si lo sentía conmigo, estaba gozosa, pero si no lo sentía allí, no lo estaba. Ese gozo se basó en mis sentimientos. Pero mis sentimientos a menudo cambian de acuerdo a lo que como en la cena. Soy inconsistente.
Dios, por otro lado, “… es el mismo ayer, hoy y siempre” (Heb. 13:8, NTV). Sé que nunca me dejó porque, en Mateo 28:20, dice que está "... conmigo para siempre" (NVI). De hecho, como cristiana, nada me puede separar de Su amor (Rom. 8: 38-39, NVI).
A través de Su Palabra, Dios redefinió el gozo para mí. Ahora entiendo que el Verdadero Gozo tiene sus raíces en Dios y Sus promesas, no en un sentimiento. El gozo en el Señor es mi respuesta a quién es Él y a todo lo que ha hecho por mí.
Los sentimientos de gozo son hermosas bendiciones de Dios, pero aún puedo estar llena del Gozo con o sin esas emociones. En mi caminar cristiano de hoy, mi gozo está firmemente arraigado en quién es Dios más que en cómo me siento (Fil. 4, NVI).
Al igual que cuando recuerdo la escuela secundaria, cuando reflexiono sobre mi viaje espiritual, me sorprende lo mucho que he crecido. Cuando llego a puntos en el viaje en los que me contento con detenerme y disfrutar de la vista, Dios todavía me llama a algo más y me acerca a Él. ¡No puedo pensar en una mejor razón para regocijarme!
¿Cómo ha redefinido Dios el gozo para ti? ¿Cómo has crecido como resultado de seguirlo a Él?