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Marisa SignorettiEscrito por Marisa Signoretti, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Ponta Grossa, Paraná, Brasil

El discipulado se considera un requisito fundamental para la transformación de la mujer cristiana, actuando como un proceso continuo que moldea el carácter, la mente y el corazón a la semejanza de Cristo. No es simplemente un método de enseñanza, sino una relación intencionada y un viaje diario de aprendizaje e imitación, esencial para un cambio completo.

Una de las áreas más grandes y vitales del ministerio femenino en el Nuevo Testamento fue el discipulado. En la "Gran Comisión", Jesucristo ordenó a Sus discípulos que hicieran discípulos a otros (Mt 28:19-20). ¡Ve y transforma vidas!

Este proceso implicaba dos principios, ilustrados en la vida de Jesús y Sus apóstoles: la asociación y la instrucción (caminar juntos y prestar atención a lo que se enseña).

Para empezar, un discípulo se asociaba o interactuaba con una persona de manera personal. Jesús, por ejemplo, eligió a Sus discípulos para que "lo acompañaran" (Mr 3:14 NVI) y fueran transformados en salvadores de almas.

El apóstol Pablo también reconoció que el discipulado ocurría en el contexto de relaciones íntimas o del compartir la vida (1Ts 1:7-8). Una vida transformada es contagiosa.

El segundo aspecto del discipulado era la instrucción. Se debía enseñar a los discípulos a ser obedientes (Mt 28:20), animando a las personas a aprender más sobre Cristo y sus enseñanzas para que pudieran estar firmemente arraigadas, edificadas en Él y establecidas en la fe (Col 2:6-7).

Pablo instruyó a mujeres espiritualmente maduras a servir como mentoras de las jóvenes (Tit 2:3-5). A través del discipulado con otras mujeres y llevándolas a la madurez en Cristo, las mujeres del Nuevo Testamento glorificaron a Dios y estuvieron plenamente involucradas en el ministerio del Reino de Dios (la iglesia).

Aspectos clave del discipulado como requisito para la transformación:

  • Transformación interior y de carácter: el verdadero discipulado busca alinear el carácter de una persona con el carácter de Dios. Esto implica una transformación interior que altera valores, virtudes y comportamientos, promoviendo un crecimiento continuo a imagen de Cristo.
  • El proceso de imitación: la esencia del discipulado, desde una perspectiva cristiana, es el arte de imitar a Cristo, con la ayuda de ejemplos. Es un llamado a ser moldeado, no solo transformado.
  • El coste de la transformación: seguir a Cristo y pasar por el proceso de discipulado implica renunciar y someter la propia voluntad a la voluntad de Dios, haciendo del proceso una verdadera prueba de compromiso.

En resumen, el discipulado es el vehículo a través del cual ocurre la transformación en la vida de quienes desean ir más allá, siendo transformados para luego transformar a otros.

Convertirse en seguidor de Jesús es un compromiso que requiere una elección.

Jesús fue directo al corazón de este compromiso: sus discípulos debían negar sus propios deseos para seguirle. El compromiso exige acción; no puede separarse de la responsabilidad.

¿Estás comprometida con este tipo de transformación?