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Escrito por Sharit Saman Zapata, voluntaria en el Ministerio Hermana Rosa de Hierro en PerúWhatsApp Image 2026 03 30 at 10.57.48

Imagina un árbol en el desierto que desde lejos parece fuerte y robusto, pero al acercarte descubres que está seco, sin savia ni frutos, podrido por dentro; su fuerza era solo apariencia. Ahora imagina otro árbol junto a un río, lleno de frutos y hojas brillantes; no lucha por sobrevivir, crece en calma y por eso desborda vida.

¿Cuál de los dos árboles se parece más a nuestra vida espiritual?

Dichoso es quien no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los burladores, sino que en la Ley del Señor se deleita y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan.                                                                                 Todo cuanto hace prospera. (Sal 1:1-3)

Muchas de nosotras, tras años en la Iglesia, aprendemos a vernos bien desde lejos: hablamos como cristianas, nos movemos en ambientes de fe, dominamos pasajes bíblicos y practicamos disciplinas… pero por dentro algo no crece. Lo peligroso es estancarse, acostumbrarnos a vivir así, hacer lo “correcto” sin satisfacción: oramos, leemos la Biblia, nos rodeamos de cristianos…y seguimos vacías.

Esta es una lucha real, pero no deberíamos permitir quedarnos mucho tiempo en este estado ni conformarnos. Hay gran diferencia entre estar ocupada con cosas de Dios y estar realmente arraigada en Él.

Algunos consejos que podemos sacar de Salmos 1:1-3:

  1. Deja de caminar donde no debes.

no sigue el consejo de los malvados...”

Antes de hablar de raíces, el salmista señala la dirección: ¿cómo crecer en Dios si escuchamos voces y tomamos decisiones que nos alejan de Él? Es como un árbol en tierra seca: sus frutos, aunque haya, estarán contaminados. Jesús dijo: “Nadie puede servir a dos señores… no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas” (Mt 6:24). Muchas veces no crecemos porque tenemos nuestro corazón dividido entre obediencia y comodidad y no queremos soltar lo que nos impide avanzar.

  1. Deja de “intentar” y empieza a deleitarte.

“sino que en la Ley del Señor se deleita.”

Aquí vamos a encontrar el problema real: no es falta de disciplina, es falta de deleite. Puedes leer la Biblia todos los días y seguir seca, podemos orar y seguir vacías, todo esto porque Dios no está buscando rutinas, está buscando amor genuino. Y si lo pensamos mejor, nadie necesita recordatorios para hacer algo que ama, en Salmos 42:1 dice: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” Esa es nuestra referencia, no es obligación, es hambre, si tu relación con Dios se siente pesada, no es un problema de agenda… es un problema de corazón. Porque un árbol no debe visitar el agua, debe vivir conectado a ella.

  1. Permanece, no estés solo de pasada.

“día y noche medita en ella”

A veces tratamos a Dios como una parada rápida: un devocional corto, una oración antes de dormir, una canción en el camino, mientras el resto de nuestra vida está desconectada. Jesús dice: “Separados de mí no pueden hacer nada” (Jn 15:5). No dice solo un poco, dice NADA. Es como un celular de última generación, aunque tenga todo el potencial, sin estar cargado o conectado, no sirve; así es tu vida espiritual si no permaneces en Él.

  1. El fruto será inevitable, si las raíces son reales y firmes.

“Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto”

Muchas personas se frustran buscando fruto inmediato, pero el pasaje dice que será a su tiempo. Como el árbol que permanece junto a su fuente, sin compararse ni forzar, este solo se esfuerza en permanecer junto a su fuente y el fruto viene por añadidura. En Gálatas 5:22–23 vemos el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz,… Este fruto crece cuando estamos conectadas. Si no hay fruto, el problema no es el fruto, sino las raíces.

No necesitas otra estrategia espiritual ni un plan perfecto; necesitas decidir HOY dónde estás plantada. Puedes estar ocupada con cosas cristianas o ser una mujer realmente arraigada junto al río. Esas dos cosas no son lo mismo. ¿Cuánto más vas a conformarte con una vida que parece fuerte por fuera, pero por dentro está seca?