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En su amor infinito, Dios mandó a su Hijo para nacer de una virgen. Y aunque muchos celebran el nacimiento de Cristo en diciembre, es su resurrección que transforma nuestra esperanza en una esperanza viva.
Porque si nos unimos con Él en su muerte, también lo seremos en su resurrección (Romanos 6:4).
¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva (1 Pedro 1:3).
Y dado que se nos ofrece nacer de nuevo a una esperanza viva, podemos vivir con esperanza.
¿Cómo es la vida de alguien que vive con esperanza – tener una esperanza viva?
Esperanza muerta nos pesa.
Esperanza viva nos levanta.
Esperanza falsa distorsiona.
Esperanza verdadera inspira.
Esperanza muerta frustra.
Esperanza viva anima.
Esperanza falsa desanima.
Esperanza verdadera transforma.
¡Gracias, Padre, por una verdadera esperanza viva!
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Cuando el Hijo del Hombre vino a la tierra, Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. El Príncipe de Paz se humilló y se sometió a todos los retos y las frustraciones emocionales de los seres humanos. Y en medio de las aflicciones y los problemas, nos ofrece una paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz que sólo se encuentra en Él.
“Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)
Toma un momento hoy para dar gracias a Dios por su perfecto regalo de paz. Y no se te olvide que los mejores regalos son los que compartimos.
