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Quédate quieta y sé que Él es Dios.
Cesa esforzándote.
Deja de luchar.
Salmo 46:10 expresa cada uno de estos sentimientos en diferentes versiones del salmo.
Dios está en control. Y si nos quedamos quietos, cesamos el esfuerzo, y dejamos de luchar, sabremos y recordaremos que Él es Dios.
Sin embargo, mi espíritu está lejos de ese conocimiento esta noche. Me siento ansiosa. Cuestionando. Dudosa.
Concentrada en escuchar la voz del Padre, me molestan unos aspectos de lo que escucho. ¿He estado tan enfocada en mis propios pensamientos, impulsada por mis propios deseos, una interpretación de lo que creo que es la voluntad de Dios para mi vida, que he dejado de escuchar?
Henri Nouwen dijo, “Qué triste que el pensar muchas veces cesa nuestras oraciones.”
Y la oración es tanto el escuchar como el hablar.
Así que me quedaré quieta. Dejaré de esforzarme. Voy a dejar de luchar la batalla dentro de mí misma. Y sabré que Él es Dios.
Este fin de semana el retiro de la Iglesia de Cristo Downtown tiene el tema: Quédense quietas y sepan.
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La primera vez que Dios se reveló a Moisés fue a través de una zarza ardiente (Ex. 3).
13 Pero Moisés insistió:
—Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes.” ¿Qué les respondo si me preguntan: “¿Y cómo se llama?”
14 — YO SOY EL QUE SOY —respondió Dios a Moisés—. Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas: “ YO SOY me ha enviado a ustedes.”
15 Además, Dios le dijo a Moisés:
—Diles esto a los israelitas: “El SEÑOR, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me ha enviado a ustedes.
Éste es mi nombre eterno;
éste es mi nombre por todas las generaciones.
Puede que no tenemos el privilegio de una zarza ardiente para reconocer a Dios, pero da a conocer Su presencia como el Gran YO SOY hoy día.
