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A veces, tengo la necesidad de desahogarme. Me siento frustrada y mis circunstancias no se están cambiando tan pronto como quisiera. Normalmente, reconozco que mi actitud debe de cambiar, pero me molesta una situación o me siento abrumada. Y por lo tanto, siento la necesidad de compartir la carga de mi frustración con otra persona.
Doy gracias a Dios por las personas especiales en mi vida que me permiten desahogarme. Dios me ha provisto unas amigas fieles y miembros de la familia que me animan y que escuchan mis pensamientos.
Sin embargo, me he dado cuenta que si sólo comparto el descarga de mis frustraciones, ella muy poco va a querer hablar conmigo la próxima vez. Me convierto en una persona negativa, si sólo comparto la ira, la frustración, o la carga.
Con esa advertencia en mente, me he puesto más atenta a compartir el gozo, especialmente en cuánto relación con lo que me estaba desahogando. Y cuando comparto ese gozo, doy la oportunidad a Dios recibir la gloria por esa oración contestada. Veo Su mano obrando y reconozco que no soy olvidada ni sola.
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Las lágrimas se me salieron sin querer cuando mi amiga acostó al hijo para enrollarlo en una cobija. Me faltaron las palabras, pero intenté expresarme en el momento. Se me quedaron en la garganta y sólo me salió, “Me alegro tanto por Uds.” Nos abrazamos y se nos volvieron a salir las lágrimas.
¡El bebé J ya está con nosotros!
Por años, hemos orado, esperado, luchado, llorado, cuestionado, y confiado. Y ahora, el bebé J está con nosotros. Está en casa. Y es amado más de lo que puede comprender. Pero está bien. Tiene toda la vida para comprender ese amor y apreciarlo.
La adopción. ¿Entiendes la profundidad de ese amor en tu propia vida?
“el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!»” (Rom. 8:15)
3 Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. 4 Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor 5 nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, 6 para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado. (Ef. 1:3-6)