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Abigail Becerra 1Escrito por Abigail Adriana Loayza Becerra, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Cusco, Peru

Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro. (Ef 4:15-16)

Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos (Jn 15:8)

¿Cuántas veces hemos escuchado o hemos dicho "Ese no es mi don"?

Muchas veces decimos eso cuando alguien nos invita a servir, a enseñar, a evangelizar o incluso ayudar... sin darnos cuenta, esa frase se convierte en un atajo para evitar el compromiso y en una excusa para no participar en la misión que Jesús nos dejó. Es cierto que Dios nos ha dado distintos dones, la Biblia nos dice que el cuerpo de Cristo está formado por muuuchas partes y cada una cumple una función diferente, algunos enseñan, otros animan, otros sirven, otros lideran otros muestran misericordia, etc., etc. y tener dones diferentes no significa que algunos creyentes estén exentos de dar fruto o de hacer discípulos.

Efesios 4 nos explica que cada miembro del cuerpo aporta algo indispensable para la edificación de la Iglesia. Cuando cada miembro utiliza los dones que Dios le ha dado, el cuerpo crece, se fortalece y refleja el amor de Cristo. El problema empieza cuando escondemos nuestros talentos detrás de frases como "ese no es mi don", "no soy buena para eso" o " mejor que lo haga otra"… muchas veces no es falta de capacidad, sino temor, comodidad o inseguridad o falta de disposición.

Jesús tampoco dijo que solo algunos debieran dar fruto. En Juan 15:8, Él afirma que el Padre es glorificado cuando damos mucho fruto y demostramos que somos sus discípulos. Dar fruto no solo significa predicar desde un púlpito, nosotros damos fruto cuando discipulamos a una persona, cuando servimos con alegría, cuando mostramos hospitalidad, cuando escuchamos al que necesita consuelo, cuando administramos bien nuestros recursos o usamos nuestras habilidades para poder bendecir a otros.

Los dones que Dios nos da no son para beneficio propio, sino para la edificación y crecimiento de la Iglesia, para que otros conozcan a Cristo. Cada don, cada talento puede ser una herramienta para que el Reino de Dios se extienda. Muchas veces esperamos sentirnos preparados para servir, pero si estamos dispuestos a usar los dones que Dios nos dio puede capacitarnos mientras actuamos en obediencia (como Moisés, Débora, Gedeón y muchos más).

Tal vez tu don sea enseñar, cantar, animar, evangelizar, organizar, cocinar, escribir, escuchar, administrar, etc. Ningún don es pequeño cuando se usa con amor, disposición y, sobre todo, con la intención de glorificar a Dios. Una de las cosas más importantes no es andar comparando dones, sino ser fieles a Dios con los dones que Él nos ha confiado.

Cuando dejamos de poner excusas y servimos con disposición y con intención, y cuando cada miembro decide ocupar el lugar que Dios preparó para él, descubrimos que Dios puede hacer más de lo que podemos imaginar y así vemos vidas transformadas, vemos la Iglesia crecer, vemos personas siendo fortalecidas. No permitamos que la frase "ese no es mi don" nos impida obedecer el llamado que Cristo tiene para nosotros, sino que mejor preguntémonos: "¿Cómo puedo usar lo que Dios ya puso en mis manos para dar fruto y hacer discípulos?" Igual, al final, no seremos recordados por los dones que teníamos, sino por nuestra fidelidad al usarlos para la gloria de Dios.


¿Qué don, talento o habilidad te ha dado Dios que quizás has estado dejando de lado por miedo o por excusas, y cómo puedes empezar a usarlo intencionalmente para dar fruto y hacer discípulos esta semana?