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Escrito por Abigail Becerra, voluntaria en el Ministerio Hermana Rosa de Hierro en PerúWhatsApp Image 2026 03 14 at 00.29.22

Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. (Hch 4:33)

Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de Su muerte, así también lo seremos en la de Su resurrección. (Ro 6:4-5)

Cuando pienso en la resurrección, muchas veces mi mente se va a una celebración especial, a un domingo concreto del año. Pero la resurrección no es solo una fecha… es una fuente, es la raíz que sostiene todo fruto verdadero en nuestra vida. Si estoy conectada a la Vid, entonces el fruto que debería empezar a verse en mi vida tiene una explicación muy clara: Cristo resucitado vive en mí y porque Él vive, yo ya no tengo que seguir viviendo igual que antes. No tengo que quedarme en las mismas luchas, en los mismos hábitos o en la misma forma de pensar. La resurrección de Jesús significa que hay vida nueva disponible para nosotras hoy, no solo una esperanza futura. 

En Hechos 4:33 vemos algo muy hermoso. Los apóstoles daban testimonio “con gran poder” de la resurrección del Señor Jesús. Y si lo piensas, no era simplemente un mensaje que solo repetían de memoria, sino una verdad que había cambiado completamente sus vidas. Ellos no estaban hablando de una idea ni de una teoría bonita. Estaban hablando de alguien que realmente vive. Ellos habían visto al Señor resucitado, y por eso su mensaje tenía poder; no era solo información… era una vida transformada dando testimonio de un Salvador que está vivo. Y el resultado era claro: abundante gracia era sobre todos ellos.

Esto me confronta mucho porque cuando realmente entiendo que Jesús venció la muerte, se supone que algo en mi vida debería verse diferente. La resurrección no es solo una verdad que creo; es una realidad que empieza a reflejarse en cómo estoy viviendo. Debería verse gracia en mi forma de hablar, gracia en la manera en que trato a otros y gracia incluso cuando las circunstancias no son fáciles. Porque si Cristo vive en mí, entonces, otra vez, su vida también empieza a notarse en lo cotidiano. Entonces el fruto de la resurrección no es solo emoción espiritual, sino es evidencia visible.

Romanos 6 también debería tocarnos; este pasaje dice que fuimos sepultadas con Él y que ahora podemos andar en vida nueva. No se trata solo de que Jesús salió del sepulcro; también significa que yo ya no tengo que seguir viviendo en el mío. Entonces…en Cristo hay una vida nueva y esa vida empieza hoy. Eso lo cambia todo, significa que mi pasado no me define; significa que el pecado no tiene la última palabra, que la culpa no tiene autoridad permanente sobre mi corazón. Porque Él resucitó, yo puedo empezar a caminar de manera diferente. Andar en una vida nueva implica una decisión diaria; no es algo automático ni sencillo. Es recordar cada día quién soy en Cristo, es elegir responder con paciencia cuando antes reaccionaba con enojo, confiar cuando antes dudaba, y servir cuando antes pensaba solo en mí. Ese es el fruto de la resurrección: una transformación real.

 Algo que me gusta mucho de Hechos 4 es que ese fruto no era solo individual; la gracia era sobre todos. Entonces, cuando una mujer vive conectada a la Vid, su vida inevitablemente impacta a los demás; su fe se fortalece, su esperanza contagia y su testimonio anima. La resurrección también produce valentía; los apóstoles predicaban aun con amenazas alrededor. ¿Por qué? Porque cuando sabes que la muerte ya fue vencida, el miedo pierde fuerza.

A veces yo, Abbi, quiero fruto sin proceso, quiero cambios rápidos, quiero ver resultados inmediatos, pero Romanos 6 también nos habla de estar plantadas juntamente con Él. Plantar implica profundidad, raíces y también tiempo. Este fruto no aparece de la noche a la mañana, pero sí llega cuando permanecemos en Él.

En conclusión:

  1. Estar conectada a la Vid no significa que no haya luchas; significa que hay vida fluyendo constantemente desde Cristo hacia mí.
  2. La resurrección no es solo una doctrina que creo, es una realidad que debo vivir.
  3. Y si Cristo verdaderamente vive en mí, algo tiene que notarse.

¿En qué área de tu vida necesitas recordar hoy que Cristo resucitó para comenzar a caminar en esa vida nueva que Él ya te dio?