Nos encanta construir relaciones. Suscríbete a nuestro blog para recibir palabras de ánimo semanales y actualizaciones mensuales del ministerio a través de nuestras eNoticias en tu correo electrónico.

Recibir nuestras comunicaciones

Etiquetas

Búsqueda

Otros idiomas

This devotional is also available in English.
Este artigo também está disponível em português.

Compras en línea

Nuestros libros, recursos gratis, tarjetas, botellas de agua, y más

Compra Ahora

Beliza KocevEscrito por Beliz Kocev, coordinadora de Brasil del Ministerio Hermana Rosa de Hierro

Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. (Jn 15:4-5 NVI)

Cuando me hice cristiana por primera vez, tenía la impresión de que algunas cosas eran espirituales y otras no. En otras palabras, pensaba que Dios estaba involucrado e interesado en algunas partes de mi vida, pero que no había espacio para Dios en las demás áreas, y que Él tampoco estaba interesado en ellas.

Mi vida espiritual parecía no tener nada que ver con la forma en que hablaba a mi madre ni con la ropa que elegía para ir a clase. ¿Pero adivina qué? ¡Sí tenía que ver! Y al no involucrar a Dios en mis elecciones y acciones, no estaba dando frutos como podría haberlo hecho. Yo era una rama que creía que podía conectarse y desconectarse de la vid a su antojo. En otras palabras, era una rama a punto de morir en cualquier momento.

Para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios. (Col 1:10)

Solo cuando comprendí que todo es espiritual y que Dios debe estar involucrado en todas las áreas de mi vida, pude empezar a dar frutos en el camino por donde iba. A Dios le interesa todo lo que forma parte de quien soy, desde decisiones importantes como dónde vivir, qué profesión elegir, cómo gastar mi salario, hasta cosas que parecen pequeñas: cómo trato a los desconocidos, cómo reacciono ante situaciones inesperadas...

Y en cada uno de estos escenarios, existe la oportunidad de agradar a Dios en todo, dando fruto en el camino.

Una planta que no está sana no puede dar fruto. Una rama que no recibe nutrientes del árbol muere. Nosotros, como ramas conectadas a la verdadera Vid, alimentadas por el Verbo, somos renovados y crecemos. Y es imposible tener la presencia de Dios a través del Espíritu Santo sin cambio. La conversión de nuestros corazones produce la transformación de nuestras acciones y palabras en fruto: "Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento" (Mt 3:8).

El fruto de nuestro arrepentimiento es un testimonio poderoso que conduce a una de las partes más increíbles de dar fruto: la multiplicación. "Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28:19).

Quiero animarte a recordar que todo es espiritual, a nutrirte con la Palabra y a reflexionar sobre el impacto que tus acciones (sean cuales sean y en cualquier entorno) tienen en las personas que te rodean. Quiero animarte a dar fruto en el camino, dondequiera que vayas, para que el fruto de la transformación de tu corazón sea visto y escuchado por todos. Y que la voluntad de Dios guíe siempre tus decisiones.

Que seamos "como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. Todo cuanto hace prospera" (Sal 1:3).