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2020 02 08 Sabrina Nino He Shall Hear My Voice by Michael DudashEscrito por Sabrina Nino de Campos, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Metairie, LA

La oración es una de las maneras que Dios el Padre nos dió para comunicarnos con Él. Yo me acuerdo por ejemplo cuando era adolescente y pasé por fases donde me sentía perdida y sola, siempre tenía la costumbre de orar antes de dormir. Ese era probablemente el único momento en el día donde yo me dedicaba exclusivamente a Dios, y aunque yo sabía que no era suficiente, era uno de los únicos momentos durante aquellos años donde yo me podía sentir como yo misma.

Me acuerdo acostarme en la cama y hablarle a Dios hasta que las lágrimas salían de mis ojos y ya me sentía suficientemente cansada para dormir. Creo que mis oraciones, aunque yo no sabía qué decir, han sido una de las razones principales de que me haya mantenido en la fe durante años de incertidumbre.

¿Alguna vez has sentido que no sabes qué decirle a Dios?

Parece que esta duda no es algo nuevo. Los discípulos le preguntaron a Jesús, “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11:1, NVI), y Jesús no solamente les enseña a orar, pero podemos ver a través de la vida del Mesías que la oración era parte intrínseca de Su identidad. Él dedicaba muchas horas y hasta muchos días a la oración.

Richard J. Foster escribe en su libro Celebración de la Disciplina, “De todas las disciplinas espirituales, la oración es la más central porque nos inicia en la perpetua comunión con el Padre.” La oración nos trae al lugar dónde podemos ser más honestas, juntas a nuestro Abba, el único que conoce nuestros corazones y sabe de verdad qué sentimos y pensamos.

¿Has sido honesta en tus oraciones? ¿Has dicho a Dios todo lo que está en tu corazón?

Creo que muchas veces dejamos de hablarle a Dios lo que pasa en lo profundo de nuestras almas porque sabemos que Él tiene el conocimiento de todo lo que pasa en nuestras vidas. ¿Pero es así una relación entre un padre y sus hijos? Si realmente creemos que Dios es nuestro Padre y Amigo necesitamos confiar en Él como tal. Él quiere escucharnos, quiere que estemos en perpetua comunión con Él.

“Cuánto más nos acercamos al latido del corazón de Dios, más vemos nuestra necesidad y más deseamos estar conformados a Cristo.” (Richard J. Foster)

Redefinamos nuestra oración. Que no sea sólo un momento de peticiones y agradecimientos, sino un momento donde verdaderamente nos acerquemos al corazón de Dios, dejando nuestras cargas y dolor a Sus pies como Él nos invita a hacer. Tenemos grandes ejemplos en los Salmos donde los salmistas hablan de sus dolores y ofrecen sus dudas como alabanza al Señor. “Pero yo clamaré a Dios, y el Señor me salvará. Mañana, tarde y noche clamo angustiado, y él me escucha” (Salmo 55:16-17, NVI).

Nuestras oraciones no necesitan ser lindas, a veces no necesitan terminar con esperanza. Yahvé nos invita simplemente a hablar con Él, a conectarnos con nuestra verdadera identidad como hijas amadas y dejar nuestras cargas a Sus pies, sean ellas livianas o increíblemente pesadas.

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