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reconocer la mentiraPuedes robar un banco con una pistola de juguete porque alguien cree la mentira. No apruebo esta práctica, pero igual me asombra. Ignorando el hecho de que robar un banco es una acción ilegal, me parece ridículo que alguien intentaría hacerlo usando una pistola de juguete. ¿Pero quién es más tonto, el ladrón usando una pistola de juguete o el banquero que cree la mentira y le entrega el dinero?

Una mentira tiene el poder que le damos al creerla y actuar según ella. Si el banquero hubiera sabido de pistolas, quizás reconocería la falsa y no se quedaría paralizado del temor.

Podemos reconocer la mentira mejor cuando conocemos la verdad.

Reconocer la voz de Dios (del capítulo 9 de ¿Quién tiene la última palabra?)
Elías reconoció la voz de Dios en un susurro (1 Re. 19:12-13). Las ovejas reconocieron y siguieron la voz del Buen Pastor (Jn. 10:2-5). Se trata de conocer a Dios y no sólo saber de Él, para de verdad conocer Su voz en medio de los tiempos difíciles.

Mientras más tiempo pasamos en la Palabra, más llegamos a conocer Sus palabras y se nos hace más fácil discernir Sus palabras de verdad entre todas las mentiras que nos bombardean.

Mi hermana y mi cuñado estaban acampando en las montañas donde no había cobertura de celular. Pero la otra compañera de la casa necesitaba hablar con ellos, para pedirles permiso para traer a la casa un perrito, que ella quería adoptar.

“¡Michelle! ¡No consigo a Kim ni a Paxton y quiero traer este perrito a casa!” Shannon describió el perrito, y luego comenzó sus miles de preguntas. “Necesito saber qué crees que me dirían. No quiero adoptar el perrito y tenerlo en la casa sin su permiso, pero no hay manera de que esté disponible mañana este perrito. Y sólo vamos a estar como dos semanas más en su casa porque luego regreso a otro estado para mi boda… ¿qué hago?”

Consideré la situación de Shannon y le respondí, “No me gusta hablar por ellos, pero entiendo que de verdad quieres ese perrito y que quieres al menos consultar con alguien que les conoce bien.” Seguí con unos puntos que pensé que harían mi hermana y mi cuñado, para que ella los tomara en cuenta, por ejemplo cómo responderían sus propios perros.

Shannon me dio las gracias y decidió tratar de llamarles una vez más, pero ya había tomado la decisión de adoptar el perrito…

Unas horas después, me encontré con Shannon y su prometido en la casa para presentar a los perros de mi hermana y mi cuñado al perrito nuevo. Después de las introducciones de los perros, Shannon me miró sorprendida.

“Se me olvidó decirte. Conseguí a tu hermana, Kim, por teléfono y le pude preguntar sobre el perrito. Ella mencionó cada uno de los puntos que tú dijiste que ella haría. Hasta unas cosas que ella dijo fueron exactamente como tú las dijiste también.”

Le sonreí y respondí, “Pues, nos conocemos un poco.” Hermanas, viviendo en la misma casa, conversando, pasando tiempo juntas… No quería hablar por ella, pero tuve la confianza de que la podía representar de la mejor manera que pude porque la conocía y conocía su voz.

¡Espero que lleguemos a conocer la voz de Dios con tanta intimidad!

Las mentiras de Satanás gritan en ataque. La voz de Dios es un susurro suave de consuelo y esperanza en medio de la tormenta. Cuando escuchamos la voz de Dios y estamos atentas a Sus palabras de verdad, se calla el clamor de las mentiras de Satanás. Y damos a Dios la última palabra.

Pero, a veces, nos cuesta reconocer las mentiras por nosotras mismas. Ahora les voy a compartir una historia en la que ayudé a alguien reconocer la mentira que llevaba años creyendo (del capítulo 10, ¿Quién tiene la última palabra?)

“Mi hijo tenía diabetes y se murió de complicaciones de la enfermedad, porque Dios me estaba castigando por haberme casado con un no-cristiano… He tomado tantas decisiones malas en mi vida que no hay manera en que Dios quiera escuchar de mí. Me siento que no puedo hablar con Él porque sé que no me va a escuchar.”

No fue una frase que esperaba escuchar de una mujer de setenta y dos años, y una que llevaba años como cristiana. Ella estaba dejando a Satanás tener la última palabra.

Humillada por la situación que se me presentó, le di gracias a Dios por la oportunidad de hablar palabras verdaderas y liberadoras en la vida de esta hermana. Llevaba toda su vida atrapada por las mentiras de Satanás, cargada de culpa.

Comencé, “Tienes tres hijos grandes, ¿verdad?” Un brillo amoroso llenó sus ojos y respondió al afirmativo.

“Y hasta el día de hoy, cuando le pasa algo a uno de tus hijos, o hace algo malo, ¿quieres que te eviten o que acudan a ti para que les puedes consolar, aconsejar, y mostrarles amor?”

“¡Pues, claro que quiero que vengan a mí!”

“¿Y tú crees que es distinto para nuestro Padre celestial que nos ama, cuando uno de sus hijos hace algo malo? ¿No crees que Él anhele consolarnos, aconsejarnos, y abrumarnos con Su gran amor?”

“Nunca lo he pensado de esa forma…”

El siguiente domingo, al saludar a mi amiga, su cara estaba llena de paz y parecía que se había quitado 50 kilos de encima (¡y es una mujer chiquita!). El gozo que resplandeció de la libertad encontrada fue indescriptible. Ella había aceptado la verdad del amor abundante de Dios, dando a Él la última palabra en su vida.

grafico cuadro mentira verdadEste mes, estamos resaltando algunas porciones del libro ¿Quién tiene la última palabra? Cortando las mentiras de Satanás con la verdad de la Palabra de Dios. Te invitamos a reunirte con un grupo de mujeres para caminar juntas para Reconocer la mentira, Reemplazar la mentira con la verdad y Recordar la verdad por un versículo bíblico.

#HermanaRosadeHierro #QuienTienelaUltimaPalabra #QUP #laverdad #Biblia

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